¿QUIÉNES SON LAS DINASTÍAS MÁS PODEROSAS DE LA TIERRA?
- Frederick Guttmann

- 24 feb
- 15 Min. de lectura
LAS FAMILIAS MÁS PODEROSAS DEL MUNDO

Hasta la plan-demia, hablar de dinastías poderosas o confabulaciones de ejes de control piramidal sonada a conspiranoia. Una vez más y más personas empezaron a abrir los ojos sobre la plan-demia, siguió un torbellino de despertar y un aluvión de noticias, cuando la propia censura fue puesta entre la espada y la pared. El caso Epstein y Diddy no han hecho más que destapar una olla podrida que llevaba demasiado tiempo resistiendo ser expuesta. En ese proceso muchos tratan de asirse de cualquier curiosidad para convertirla en un hecho – aunque no sea verificable -, pretendiendo mezclar verdades con mentiras, o cayendo en desinformación, subjetividad, partidismos, sensacionalismo, negatividad y exageración. En ese vaivén reaparecen los clásicos argumentos que por mucho tiempo fueron ridiculizados, y en ese sentido, es bueno saber matizar y aclarar qué es cierto y qué no lo es. Eso sí, valga que los judíos o israelíes aparezcan en un escenario global (guerra, política, religión…) para que broten leyendas urbanas de control judío global. ¿Quiénes controlan el mundo, los judíos?
LOS JUDÍOS EN EUROPA
Algunos erróneamente han tratado de vincular en estas jerarquías a familias judías, mayormente por leyendas urbanas. La acumulación de riqueza de ciertos judíos durante la Edad Media fue el recurso de algunos de ellos para tener una moneda de cambio en caso de necesidad, ya que desde el año 135 d. C. (cuando fueron expulsados de su tierra por los romanos), fueron errantes y sin tierra propia (hasta su retorno a “Tierra Santa”). Constantemente los judíos eran echados de uno u otro reino, se les quitaban las posesiones y los derechos. En Europa no tenían derecho de poseer tierras, de modo que su única forma de prosperidad era acumulación de dinero, lo cual les permitió ser importantes prestamistas. Las mayores fortunas y poder que controlan dinastías viene de siglos de acumulación, cuestión imposible de lograr para ningún judío. Eso debe entenderse a la luz histórica.
PRIVACIÓN INGLESA
Legalmente en la Inglaterra medieval los judíos eran considerados "siervos de la cámara del rey" (servi camerae regis). El Marco Legal venía de las Leyes de Eduardo el Confesor, a quien se le atribuyen siendo recopiladas y formalizadas principalmente tras la conquista normanda (siglo XII). El texto establece explícitamente: <<Todos los judíos, dondequiera que estén en el reino, están bajo la tutela y protección del rey; nadie puede ponerse bajo el servicio de ningún hombre rico sin la licencia del rey, porque los judíos y todas sus posesiones son del rey.>> ¿Por qué se les consideraba "propiedad"? Esta relación no era solo de control, sino de una extraña y peligrosa dependencia mutua: Protección a cambio de impuestos: Como los judíos no podían poseer tierras ni unirse a gremios debido a las leyes cristianas, se dedicaban principalmente al préstamo de dinero (actividad prohibida para los cristianos por la Iglesia bajo el cargo de "usura"). En consecuencia, eran una especie de cajero automático de la corona: Al ser propiedad del monarca, el rey podía imponerles impuestos arbitrarios (tallages) en cualquier momento. Si un judío moría sin herederos o bajo ciertas condiciones, sus bienes y las deudas que otros le debían pasaban directamente al tesoro real.
Ahora bien, a eso se sumaba la exclusión del sistema feudal. Al no ser sujetos de la ley común (Common Law), el estatus de un judío en los reinos de la corona dependía enteramente de la voluntad del rey. Eran, literalmente, una extensión de su prerrogativa financiera. En este sentido los monarcas clave fueron Enrique III y Eduardo I. Si bien todos los reyes normandos y Plantagenet aplicaron esto, Enrique III fue quien más explotó este estatus de "propiedad" para financiar sus guerras y lujos, llevando a la comunidad judía a la ruina financiera. Finalmente, su hijo, Eduardo I, tras exprimir los últimos recursos de la comunidad y ante la presión popular y religiosa, promulgó el Estatuto de la Judería (1275) y finalmente el Edicto de Expulsión en 1290, prohibiendo su estancia en Inglaterra (una expulsión que duró más de 350 años). Por ende, los judíos no tenían derechos ciudadanos, pero además pagaban altos impuestos especiales y gestión de créditos para la corona. Y eso no era todo, porque el rey podía "vender" o hipotecar los impuestos recaudados de los judíos a otros nobles. Técnicamente, el estatus de los judíos como "propiedad del rey" terminó cuando el rey Eduardo I emitió el Edicto de Expulsión en 1290. Al expulsarlos del país, el monarca confiscó todas sus propiedades restantes, casas y deudas pendientes, convirtiéndolas directamente en fondos de la Corona. Al no haber judíos en Inglaterra, la ley de "siervos de la cámara" quedó vacía de sujeto, pero no fue derogada.
Durante casi 370 años no hubo una comunidad judía oficial en las islas británicas. La situación cambió con el "Lord Protector", Oliver Cromwell en 1656. Tras una famosa asamblea (la Conferencia de Whitehall), los jueces dictaminaron que no había ninguna ley que prohibiera el regreso de los judíos, ya que el edicto de 1290 había sido una orden ejecutiva del rey y no una ley del Parlamento. Cromwell no emitió una nueva ley, sino que otorgó una promesa verbal de protección, un nuevo estatus. A partir de este momento, los judíos ya no regresaron como "propiedad", sino como residentes extranjeros con permiso para comerciar y practicar su religión de forma privada. Más tarde llega la emancipación definitiva (siglo XIX). Aunque ya no eran propiedad del rey desde el siglo XVII, los judíos en Inglaterra siguieron teniendo restricciones (no podían ser diputados ni ocupar ciertos cargos públicos). La "prescripción" moral y legal de cualquier trato discriminatorio residual se selló con la Ley de Socorro a los judíos de 1858 (Jewish Relief Act). Esta ley permitió finalmente que los judíos juraran su cargo en el Parlamento sin usar fórmulas cristianas. Fue el momento en que pasaron a ser ciudadanos con plenos derechos, eliminando cualquier rastro del antiguo concepto medieval de servidumbre ante la Corona.
EL SOMETIMIENTO BAJO LA IGLESIA CATÓLICA
Esto ocurre casi 90 años después de que los jesuitas redactasen la novela difamatoria anti-judía titulada, ‘Los Protocolos de los Sabios de Sion’, que no es otra cosa que una narrativa sobre los planes jesuitas, solo que sustituyendo el nombre “jesuita”, por el de “judío”, para desviar la atención hacia ellos y dirigirla contra aquellos a quienes más tema la iglesia católica: los judíos. Considera que la iglesia católica es el fundamente de ley y poder moderno, y su existencia se presume defendida por el Nuevo Testamento. Si los judíos fuesen el “pueblo elegido” para la misión de salvación, ¿qué papel está entonces jugando la iglesia católica? La de usurpación. Eso nos lleva otro aspecto importante de esta farsa de una conspiración de poder judía de control mundial y de mega riqueza judía. La iglesia católica había promulgado actas contra las libertades judías, al mismo estilo que la corona británica. Hablamos de un fenómeno europeo generalizado donde el estatus de los judíos no dependía de una ley común, sino de privilegios y servidumbres directas bajo el poder de turno en todas partes (incluso en países musulmanes).
LOS GHETTOS ITALIANOS
Tanto la Iglesia como las repúblicas mercantiles italianas aplicaron conceptos similares a los ingleses, aunque con matices legales distintos. La Iglesia Católica estableció el concepto de "Servidumbre Judía", o sea, no solo promulgó actas, sino que sentó la base doctrinal que los reyes (como los británicos) usaron después. El Papa Inocencio III en el IV Concilio de Letrán (1215) consolidó la doctrina de la "Perpetua Servidumbre de los Judíos". La Iglesia argumentaba que, debido a su rechazo a Cristo, los judíos debían vivir en un estado de subordinación. La justificación era que no se buscaba su exterminio, sino su presencia como "testigos" de la verdad cristiana, pero siempre en una posición inferior. Esto permitía a los obispos y al Papa tratarlos como sujetos bajo su jurisdicción directa en los Estados Pontificios (por eso crearon el ghetto de Roma). En Venecia y Génova los patriarcados establecieron el modelo del "Ghetto" y el Contrato. Así en las repúblicas italianas, el enfoque fue más mercantilista que puramente feudal. A los judíos no se les llamaba "propiedad" en el sentido de esclavitud, sino que se regulaba su existencia mediante "Condotte" (contratos). Venecia fue pionera en la segregación espacial al establecer en 1516 el primer Ghetto del mundo. Los judíos eran "necesarios" para la economía (préstamos y comercio marítimo), pero se les permitía residir en la ciudad solo mediante la renovación periódica de un contrato con el Estado veneciano. Si el contrato no se renovaba, debían irse.
En Génova su relación fue más errática. Los judíos fueron expulsados y readmitidos varias veces. La nobleza genovesa, que era la gran banquera de Europa, veía a los judíos como competidores o como herramientas financieras útiles según la época, aplicándoles impuestos especiales por el "derecho a residir". A diferencia de Inglaterra, en Italia no fue un proceso interno, sino un choque externo: Napoleón Bonaparte fue el gran "liberador" legal. Al invadir Italia a finales del siglo XVIII, sus tropas derribaron las puertas de los Ghettos de Venecia y Roma, declarando que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, independientemente de su religión. Con todo, tras la caída de Napoleón muchos estados volvieron a las viejas leyes, dando lugar a la Unificación Italiana (Risorgimento). No fue hasta 1870 cuando el Reino de Italia tomó Roma y disolvió los Estados Pontificios, que la "servidumbre" y la discriminación legal de la Iglesia quedaron definitivamente abolidas en suelo italiano.
GERMANIA
Pero la cosa no se quedó en esas regiones. Federico II (1236), con el Sacro Imperio Romano Germánico (Alemania y Europa Central), declaró a todos los judíos del Imperio como ‘servi camerae nostrae’ (siervos de nuestra cámara). Al ser "siervos", el Emperador justificaba que tenía el deber de protegerlos de las turbas y de la Iglesia, pero a cambio, él era el único dueño de sus impuestos. El Emperador incluso "alquilaba" o vendía sus derechos sobre las comunidades judías a príncipes locales o ciudades para pagar sus deudas.
LA EXPULSIÓN ESPAÑOLA
Luego está España (Castilla y Aragón), no lo olvidemos. Antes de la expulsión de 1492, el estatus legal judío en la península ibérica era muy similar al inglés, pero con una terminología propia: "Cosa Nuestra". En los fueros y documentos reales se referían a las juderías como "Tesoro del Rey", o incluso se decía que los judíos eran "propiedad de la corona". En Las Siete Partidas, Alfonso X el Sabio, establece que los judíos viven bajo la protección del rey porque son "recordatorios" de la pasión de Cristo, pero legalmente están privados de libertad política. Los reyes de la Corona de Aragón fueron especialmente celosos de su "propiedad", defendiendo a los judíos de los ataques de los nobles porque representaban su principal fuente de dinero líquido (el fiscus judaicus).
ESTATUS ISLÁMICO
Y sigue el Mundo Islámico, con el Sistema de la Dhimma. En los califatos y el Imperio Otomano, el concepto era diferente, pero buscaba un resultado similar. Los judíos (y cristianos) eran "protegidos". No eran propiedad personal del Sultán, pero eran ciudadanos de segunda clase. A cambio del pago de un impuesto especial llamado Jizya, el Estado les garantizaba seguridad y autonomía religiosa. Si dejaban de pagar, perdían la protección y podían ser esclavizados o expulsados. Fue un sistema mucho más estable y menos arbitrario que el europeo medieval, durando hasta el siglo XIX.
LA VERSIÓN FRANCESA
Pero hubo casos aún más extremos – no mencionando aún el nazismo -, como en Francia. El vaivén de las expulsiones, donde se llevó el concepto de "propiedad" al extremo de la hipocresía financiera. Felipe IV "El Hermoso" en 1306, decidió que como los judíos eran su propiedad, todas sus deudas también lo eran. Expulsó a los judíos, pero ordenó que los cristianos que les debían dinero le pagaran a él, al Tesoro Real, directamente. Luis X llamó de vuelta a los judíos pocos años después, porque el sistema financiero se colapsó sin ellos, solo para volver a aplicarles impuestos abusivos bajo el pretexto de su "servidumbre". Con los jesuitas pasó que algunos de sus fundadores fueron judíos, pero cuando la iglesia católica toma el control de la institución, los judíos son expulsados de la orden (no podías pertenecer a los jesuitas, como entre los protestantes, un judío no podía pertenecer a la francmasonería). Solo tras el siglo XIX desaparecieron estos vetos, y ya se dejaba entrar judíos a la francmasonería. En la era moderna temprana (siglos XVII-XVIII), este concepto de propiedad evolucionó hacia la figura del Judío de Corte. Eran individuos extremadamente ricos que financiaban a los reyes europeos. Seguían sin tener derechos ciudadanos, pero tenían un estatus de "protección personal" del monarca que los elevaba por encima de cualquier ley local, siendo casi posesiones de lujo de la corona. Pero recordemos luego Rusia, donde también tuvieron problemas y persecución los judíos antes de la IGM. Y durante la IIGM los nazis confiscaron (robaron) la riqueza de todos los judíos, y llevándolos a campos de trabajo. ¿En qué momento pudieron algunos judíos tener libertad, poder, posesión u organización para poder, siquiera, competir con las grandes estructuras de poder real? Eso ni siquiera ocurre actualmente con los judíos ni en el estado de Israel. Pero sí ha habido gente aislada de corte judío racial que han logrado riqueza.
FAMILIAS JUDÍAS RICAS DE LOS ÚLTIMOS DOS SIGLOS
Familias industriales y financieras reales judías que sí tuvieron (o tienen) poder económico significativo documentado son los Rothschild (apellido que nace de Mayer Amshel), cual ha sido una familia bancaria europea originaria de Frankfurt (ashkenazí). En el siglo XIX fueron probablemente la dinastía financiera más influyente de Europa. Hoy siguen siendo muy ricos, pero no controlan el sistema financiero mundial de manera absolutista. Por ejemplo, otros judíos fueron los Warburg, banqueros germano-judíos (ashkenazíes) que tuvieron papel relevante en banca alemana y estadounidense entre los siglos XIX–XX. Otros fueron los Oppenheimer, familia asociada a la minería de diamantes en Sudáfrica, quienes poseían una gran fortuna en el siglo XX. Otra familia judía es Safra, involucrada en industria y comercio. Es una familia bancaria sefardí originaria de Siria/Líbano.Importantes en banca privada internacional (Banco Safra), y una de las familias judías más ricas del mundo hoy. Otros son los Lauder, herederos de Estée Lauder (cosmética), poseedores de influencia empresarial y filantrópica. O los Bronfman, de la industria de bebidas (Seagram) influyentes en el siglo XX en Norteamérica. Luego están individuos aislados – siempre laicos, no religiosos -, como lo de las tecnologías contemporáneas (ya no son familias sino gente independiente y no necesariamente conectada con la comunidad judía), como Larry Page y Sergey Brin (Google/Alphabet), Mark Zuckerberg (Facebook/Meta) o Michael Dell (Dell Technologies). Muchas familias judías ricas han canalizado su influencia hacia: universidades, hospitales, museos, Think tanks e instituciones judías y no judías. Esto es una característica cultural fuerte en muchas comunidades judías: filantropía institucional.
Otra cosa importante por aclarar es que, si hablamos de concentración de riqueza hoy, los fondos soberanos del Golfo superan en activos a cualquier familia individual. BlackRock (donde los fundadores y CEO son judíos raciales, pero ganan es con participación de activos, no con poder sobre las empresas vinculadas) y Vanguard gestionan más activos que cualquier dinastía privada. Los grandes poderes tecnológicos no están organizados por religión sino por capital corporativo. Si alguien dice “los judíos controlan el mundo”, se puede contrastar que los fondos soberanos (Estados) manejan cientos de miles de millones o incluso más de un billón de dólares, y ninguna familia privada —judía o no— se acerca estructuralmente a ese nivel de poder estatal. Y eso empieza por Arabia Saudí (PIF), Noruega (fondo soberano más grande del mundo), China (CIC) y los Emiratos (ADIA). Importante también a entender, es que la población judía mundial es aproximadamente 15 millones de personas (al menos que sepan que son judíos). Eso es menos del 0,2 % de la población mundial, de modo que pensar que un grupo tan pequeño controla coordinadamente gobiernos, bancos, medios, tecnología y energía global requeriría supone una cohesión interna inexistente, una capacidad organizativa sin precedentes históricos y una ausencia total de conflicto interno (lo cual es falso). La comunidad judía es extremadamente diversa y políticamente fragmentada, y ha estado en sometimiento hasta que adquirieron libertades en América, y posteriormente derecho de propiedad en Israel (especialmente desde su independencia en 1948). El poder global real está distribuido entre Estados (EE.UU., China, Rusia, India, UE), complejos militares-industriales, dueños de la energía, la tecnología y las redes financieras multinacionales. No hay un directorio étnico central, pero sí un fundamento, el cual nos saca del espectro judío y nos lleva al Imperio Romano.
LA REESTRUCTURACIÓN DEL IMPERIO ROMANO
Desde el nacimiento de la iglesia católica y su institucionalización en el 325 d. C. el imperio romano inició un drástico proceso de declive, pese a que nunca terminó de colapsar. Mutó de múltiples formas, pero mantuvo su estatuto de poder sobre el mundo con otra cara, y usando a otros instrumentos. Durante los años que siguieron al Cisma de Oriente, los miembros del Senado romano fueron abandonado Roma y buscando otras alternativas para mantener su poder e influencia. De manera que se trasladaron a otras áreas de la península Itálica, tratando de mantener al margen del monopolio papal y de las pretensiones de la iglesia católica. El poder se dividió así en dos facciones principales: Roma y Venecia, aunque otros grupos operaban desde Génova y otras provincias del imperio. Algunas dinastías se mantuvieron conectadas al poder imperial, como los Massimo, pero con los siglos fueron perdiendo legitimidad. De esta forma, tanto Roma-Vaticano como Venecia, resaltaron por poseer varios linajes que se sucedían y mantenían el poder por mucho tiempo. En 1297 la nobleza veneciana establece el Libro de Oro (registro oficial de las familias nobles), y cierra cualquier ingreso de algún otro miembro. Este patriciado veneciano había dado nacimiento al poder marítimo y la ley mercantil que hoy representa el sistema de derecho comercial que fundamenta el Derecho Estatutario de cualquier nación, a razón esencial de su control sobre cualquier marco relativo al dinero, la banca y las finanzas. A lo largo de los siglos estos dos bandos luchan por ostentar el poder, y extienden tan lejos como les sea posible sus redes de influencia y demonio.
LA NOBLEZA NEGRA
En 1517 comienzan nuevos problemas para la iglesia católica con el nacimiento del movimiento reformista alemán. Esto lleva al Concilio de Trento y a la creación de la orden jesuita. En contraposición, los venecianos crean la banca en Ámsterdam y seguidamente en Inglaterra. Usan el protestantismo y sus intereses en la monarquía británica para fortalecer un bloque anti-papal, estableciendo al orden rosacruz que, eventualmente, crea la francmasonería. Por siglos estas dos fuerzas chocan y son responsables de los principales cambios a nivel occidental, logrando incluso tomar control de muchas regiones del mundo oriental. Llegados los siglos XX-XXI casi todos los poderes monárquicos han sido limitados, eliminados o fusionados, y las tecnologías de la información, el espionaje, el control de grandes ejércitos de redes sociales reemplazan los viejos modelos de poder, manteniéndose únicamente en las dinastías restantes el eje fijo de estatus y hegemonía de dominio sobre la tierra, las leyes y la economía. De esta forma podemos encontrar que el poder papal pervive en unas 13 familias de núcleo romano, como son los Orsini y los Colonna, seguidos de los Farnese, Chigi, Este, Pamphili, Conti, Aldobrandini, Savelli, Piccolomini, Della Rovere y Pallavicini, e incluso los Somaglia (de origen lombardo). Otros poderes quedan más bien simbólicos u obsoletos en esta jerarquía, como son los Caetani, Medici o Borgia (ducado de Gandía), o mencionados colateralmente debido a ocasionales relaciones con estas familias, como los Breakspear (de origen inglés).

Esta llamada “nobleza negra” no solo se fundamenta de estas familias romanas que dan lugar a los papas electos y al derecho canónico y eclesiástico, sino que se refiere como concepto también al patriarcado veneciano – o nobleza veneciana - amos del comercio, flotas marítimas, diplomacia e inteligencia. En estas dinastías están los Dandolo, Contarini, Morosini, Mocenigo, Grimani, Loredan y Foscari, pero hay otras familias que sirven de bisagra, entre Roma-Vaticano y Venecia – incluso lo fueron para los reyes europeos – con dominio del dinero, la guerra, la banca y la transición del capitalismo, como son los Spinola (eje central de Génova), los Doria, los Borromeo y los Giustiniani, donde ellos dinastías financieras-administrativas transregionales, donde también vuelve a aparecer la familia Pallavicini (que no solo están en Roma y Génova, sino en Milán).


LAS CASAS EUROPEAS
Pero hay que reconocer los apellidos de influencia europea que fueron relevantes hasta la IIGM, donde unas fueron perdiendo poder, otras fueron sustituidas por el poder corporativo, legislativo y/o ejecutivo, y otras pasaron a otro marco por alianzas matrimoniales o por otra forma de acuerdo. De todas ellas solo quedó realmente el poder de los Saxo-Coburg y Gotha, llamados Windsor desde la IGM, que es la casa real británica. Otros tienen un leve poder, como los Habsburgo de Austria o los Grimaldi de Italia. Las demás pasaron a tener, en el mejor de los casos, una influencia diplomática, como los Saxo-Coburg Gotha de Bélgica, los Borbón de España, los Orange-Nassau de Países Bajos, los Hohenzollern de Rumanía, los Oldenburg de Dinamarca, los Bernadotte de Suecia, los Welf de Italia - o los Savoy -, la casa Nassau de Luxemburgo, o la Nassau de Liechtenstein, o los Plantagenet ingleses (de lo que quedaron los York y Lancaster) o Capetian franceses (de donde quedaron los Borbones y Valois). Otros quedaron meramente como familias simbólicas o culturales, sin poder real o influencia relevante, como los Hannover/Welf de Alemania, los Merovingios de Francia, los Karadjordjevic de Serbia, los Bragaza de Portugal, los Wittelsbach de Noruega, los Romanov de Rusia, los Massimo romanos, los Torlonia de Italia, Zogu de Albania o los Cavendish (duques de Devonshire) ingleses.
EL ILLUMINATI
Pero aparte del gran poder de los Windsor como dinastía europea, hay otras dos familias igualmente poderosas hoy día en sentido de reinado, que son la casa Al Saud de Arabia Saudí, y la casa Al Thani de Qatar. A la altura estuvo la casa Osmanlí de los otomanos, que hoy solo es representativa en Turquía. Este cambio tan abrupto se debió a la destrucción de los viejos paradigmas y sistemas de poder que dominaron el mundo hasta la IGM y IIGM, creando un nuevo modelo de poder basado en poder financiero, militar y de las nuevas estructuras emergentes. Así se consolidaron dinastías como los Strauss, Guggenheim, Oppenheimer, Schiff, Bush, Rockefeller, Rothschild, Warburg, Krupp, Agnelli, Heinz, Morgan o Ford. Pese a esto, los cambios en el siglo XX hicieron destacar a un grupo de dinastías que reciben el nombre de Illuminati, aunque cuando entre ellas mismas hay serias y permanentes divisiones. Ellas son las chinas Li y Dan Guyn (miembros actuales del partido comunista con la dinastía Tang), las americanas Kennedy, Reynolds (de tabaqueras), Bundy y Rockefeller, los Astor (de EE.UU., pero originarios de Alemania), la francesa Du Pont (posteriormente creando la industria Du Pont de EE.UU.), los griegos Onassis, los Freeman y los Russell de EE.UU. e Inglaterra (creadores de los Testigos de Jehová), Collins de EE.UU. e Irlanda.

TECNOCRACIA
¿Qué ocurre en los últimos 15 años? A inicios del siglo XXI se podía oír de multimillonarios como Warren Buffett, Donald Trump o Robert Kiyosaki, empresarios que desde niños construyeron riqueza con símiles a los Carnegie o los anteriormente citados, pero el paradigma vuelve a cambiar al mutar a las nuevas tecnologías de la información y el internet, dando lugar a otras formas de poder, en especial centradas en persona seculares, tales como Sergey Brin y Larry Pge (creadores de Google-Alphabet), Larry Fink (CEO de BlackRock), Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Bill Gates, George Soros o Elon Musk. Luego están los poderes de mercado que se suman al poder militar en manos del chino Xi Jinping, o el imperio militar de Vladimir Putin. Podemos encontrar así un cambio de poderes y división distinto al paradigma anterior, e incluso que va eclipsando al del siglo XX, como los del siglo XX hicieron con el siglo XIX. Esto refuta claramente la creencia de una única “élite” de poder, y de un bloque infalible de hegemonía del control mundial. No niega que existan multitud de alianzas e intereses de mayor poder, pero siempre a expensas del debilitamiento o quiebre de un oponente titánico de la competencia.

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