NO PENSÉIS QUE HE VENIDO A TRAER PAZ SINO ESPADA
- Frederick Guttmann

- 4 mar
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NO PENSÉIS QUE HE VENIDO A TRAER PAZ SINO ESPADA

Me gusta mucho una frase de Yeshua que la mayoría de personas han sacado de contexto, incluso invirtiendo su verdadero significado. En el llamado evangelio de Mateo, Yeshua (Jesús) dice: <<No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.>> (Mat. 10:34-36 RVA60) ¿Por qué Yeshua se contradeciría, si su discurso mayoritario siempre ha sido de traer paz? el apóstol Pablo dijo algo trascendente que debe comprenderse siempre a la hora de analizar la biblia: <<acomodad lo espiritual a lo espiritual.>> La paz es un estado mental, tal como se puede traducir en un estado exterior. La espada, en cambio, no es por sí misma una literalidad. No es lo mismo decir “el que no tenía alforja, compre una”, en un contexto específico donde se venía una fuerte persecución en aquellos días, a decir que Yeshua mandase a fabricar espadas. Si no hizo publicidad de digno empleo de carpintería en que era un experto, ¿por qué lo haría en la metalurgia? No era cosa de fabricar espadas, sino del símbolo hebreo de ‘Jereb’ (espada) como instrumento de escisión de dos caras: corta lo exterior (el plano de la experiencia material) y lo interior (el plano del ser interior).
Según Yeshua en esta cita, los enemigos del hombre serían los de su misma casa, pero eso no es cierto. A partir de entonces el principal enemigo de las personas no era la gente de su misma casa. Así que, ¿de qué estaba hablando? ¿Cuál es nuestra "casa"? En lengua hebrea, casa es ‘Beit’, la segunda letra del alfabeto hebreo, que simboliza la materia. Nuestra casa es el cuerpo (el tempo de Dios), y en un nivel más profundo, el propio ser. Lo que Yeshua está diciendo es que el despertar no trae las cosas alegres que espera la mente del mundo, sino una lucha interior contra el ego (najash, o “serpiente”) y todas las demás criaturas de la mente, como los arquetipos sociales (símbolos de la familia). En el nivel histórico, desde el momento en que la gente judía comenzó a seguir a Yeshua, los choques interno sen esas familias no tardaron en manifestarse. Cuanto más una familia judía está cimentada en tradiciones de los ancestros (rabinos, midrash, talmud, sanedrín, Torah, etc.), más fuerte es el choque si alguno reconoce a Yeshua como el “Mesías”. Hasta hoy, tal decisión podría suponer la expulsión de la sinagoga o el rechazo familiar. Cuanto más religiosa sea la familia dentro de los grupos y sectas del judaísmo, más severa será a respuesta. Ya en días de Yeshua se vio el ejemplo, cuando un ciego de nacimiento recibió la vista ya en su adultez, y como los escribas y fariseos no encontraban cómo ridiculizar este milagro, lo expulsaron del templo, excomulgándolo. Eso simbolizaba un exilio social.
Pero el mensaje no es solo un evento particular histórico sobre judíos implicándose en el ministerio de Yeshua. Como en todo mensaje, es primeramente sobre símbolos que apuntan a la mente. Al hablar en primera persona, Yeshua se refiere a lo que él simboliza como despertar de conciencia. Por ende, cuando la conciencia empieza a desertar, el “hombre” entra en conflicto con su “padre”, representando el hombre la “mente racional” que busca seguridad y predictibilidad, mientras que el padre viene a ser el “espíritu” que busca la expansión infinita. La disensión, conflicto u oposición tiene lugar en noveles de entendimiento, percepción y sentido. El hombre [masculino] es lo intelectual, racional y lógico, tal como la mujer es lo intuitivo, espontáneo y maternal. El Padre simboliza el cielo, lo inmaterial y la fuente, mientras que la Madre representa la materia, el mundo, lo físico y visible.
Por esa razón el texto refiere que entra en disensión la madre y la hija. La hija es el “fruto espiritual” que acaba de nacer de la nueva conciencia que ha traído el despertar (la comprensión de que el universo no es real, que todos somos uno y que todo es mente). La materia (madre) tienda a la inercia y gravead, pero el fruto espiritual (hija) tienda a la ascensión y la luz. La fricción es inevitable para que el fruto se desprenda del árbol de la ilusión. Entonces Yeshua agrega dos elementos más de “disensión”, que son la lógica de la luz (la nuera) contra la lógica del mundo (suegra). La Suegra simboliza la materia y lógica material (porque la mujer es la matriz, la naturaleza), de modo que representa las leyes y percepción del mundo material, la limitación, la escasez, y el modelo de respuesta del tipo, "así han sido siempre las cosas". Por el contrario, la Nuera (que es la ayuda espiritual de la razón, del hombre), es la razón cuando se pone al servicio del espíritu (la que entra en la casa para traer linaje nuevo). El conflicto descansa, empero, en la lógica de la materia que intenta "educar" a la nueva percepción, diciéndole que lo espiritual es fantasía. La espada de Yeshua corta ese vínculo de dependencia para que la mente racional sea libre de servir al “hijo del hombre”, es decir, la unicidad/filiación que obedece a la paternidad de Dios.




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