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¿QUÉ SON LAS IDEOLOGÍAS DE GÉNERO, Y POR QUÉ SE ESTÁN PROMOVIENDO ACTIVAMENTE?

Actualizado: hace 4 días

¿QUÉ SON LAS IDEOLOGÍAS DE GÉNERO, Y POR QUÉ SE ESTÁN PROMOVIENDO ACTIVAMENTE?

 

Para entender cualquier materia, primero hay que entender la semántica, el significado de los vocablos que se utilizan, su etimología y su adaptación y configuración social. El primer marco es comprender su sentido en el ámbito legal, porque toda cosa lingüística se establece en la gramática, y ésta, en la literatura, y el fundamento de toda literatura de antaño fueron las leyes, y, por ende, la jerga jurídica. Es desde lo legal que toda cosa puede funcionar en una sociedad.



¿Qué es una ideología?


Ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Es decir, no comparten relación con la biología o cualquier ciencia exacta, sino que forman parte de creencias. Debido eso, en ámbito legal, una ideología se respeta, pues entra como lo hace la religión: en el derecho de opinión e ideas. En el marco legal, una ideología es “la ciencia de las ideas”, es decir, el estudio o tratado sobre las ideas mismas, su naturaleza y origen. El término ‘idéologie’ fue creado en 1796 por Antoine Destutt de Tracy. Significaba literalmente, “ciencia de las ideas”, y su campo original fue la filosofía y la epistemología (rama de la filosofía que estudia el conocimiento). El término empieza a aparecer en textos jurídicos y sentencias a partir del siglo XX como descripción de creencias políticas, doctrinas y sistemas de ideas. Ejemplos de uso jurídico temprano fueron es de “ideología política”, “ideología religiosa” o “creencias ideológicas”. A partir de 1940-1960 entra en la jurisprudencia de los EE.UU., y la Corte Suprema de EE.UU. empieza a usar ideology en expresiones como “conformidad ideológica”, “ideología totalitaria” o “ideología política”. Es importante enfatizar que una idea no es un hecho empírico o natural, sino una creación de la imaginación, un constructo de la creatividad.

 


¿Qué es un género?


Se refiere a una categoría (género musical, género cinematográfico, etc.), y procede de la misma etimología de “generar” (producir), pues deriva del del latín genus, generis, que significa "clase", "linaje", "origen" o "tipo", a su vez proveniente de la raíz indoeuropea *gen-, que significa "dar a luz", "parir" o "engendrar". El vocablo inglés “gender” (género) entra al marco jurídico anglosajón recién en la segunda mitad del siglo XX, primero como sinónimo práctico de “sex”, y solo mucho después empieza a adquirir un contenido conceptual diferenciado, sobre todo en derecho antidiscriminatorio. Esto es porque hasta bien entrado el siglo XX el derecho clásico solo conoce “sex”, que significa: clasificación biológica (male / female = masculino / femenino), con efectos legales directos (matrimonio, herencia, trabajo, voto). Entre 1950 y 1970, el vocablo “gender” entra al discurso jurídico en el contexto del desarrollo de la psicología y sociología. Así se crea una distinción académica entre ‘sex’ (biológico) y ‘gender’ (roles sociales). Entonces gender empieza a aparecer en derecho en textos legales y sentencias como sinónimo elegante de “sex”. De esta forma se leen expresiones como “discriminación en base de género”, o sea, “discriminación sexual”.


Su consolidación jurídica llega con el derecho antidiscriminatorio (1970–1990), cuando en EE.UU. la Corte Suprema aborda cuestiones de igualdad, empleo y educación. Aunque la Constitución y muchas leyes dicen sex, los jueces y legisladores empiezan a usar gender en el razonamiento. El contenido jurídico sigue anclado al sexo, y ‘gender’ funciona como categoría social vinculada al sexo. El punto de inflexión llega con el derecho internacional (1990s), cuando ‘gender’ sí adquiere un sentido jurídico explícito, y empieza a definirse como: roles, expectativas y normas sociales asociadas al sexo

 


¿Dónde se produce el desplazamiento?


Desde finales del siglo XX, tres planos distintos empiezan a superponerse en políticas públicas y currículos educativos:


a) Roles de género (plano social), que abarcan expectativas sociales, división del trabajo, estereotipos e igualdad de oportunidades.

b) Identidad personal (plano psicológico–subjetivo), relativo a la llamada “identidad de género”, la autopercepción y la expresión personal. Aquí el concepto se vuelve interno y subjetivo, no solo social.

c) Sexualidad (plano conductual e íntimo), que es la orientación sexual, las prácticas sexuales y la educación sexual. Este plano no es necesario para hablar de roles sociales, pero se incorpora por razones históricas y políticas.

 


Identidad de Género


Identidad se refiere al conjunto de características, valores, creencias, experiencias y relaciones que definen a una persona o grupo, permitiéndoles diferenciarse del resto.  Es la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a los demás, y abarca dimensiones como la personal, social, cultural, profesional y nacional. El término proviene del latín tardío identitas, que a su vez deriva del latín clásico idem, significando "lo mismo" o "el mismo", como “idéntico”.  El término se relaciona con la idea de ser uno mismo, de permanencia y unicidad, a aquello a lo que te pareces.


En el marco antropológico, la identidad o identificación se vinculaba a la relación consanguínea o familiar, mientras en lo espiritual y metafísico – especialmente en las religiones abrahámicas – el hombre es copia de su Creador. En cierto sentido se puede decir que el ser humano es idéntico uno del otro, y como alma son idénticos a Dios (su Fuente, conforme a la Ley de Biogénesis). Así, la relación mayor sería del ser con el Creador-Autor, y la humana sería entre seres de nuestra raza o especie. Está “identificación” posee implicaciones muy amplias, desde lo social, religioso, legal, cultural o hasta económico.


La identidad de género, por tanto, es la percepción, identificación o entendimiento que tiene alguien sobre sí mismo en el marco de una categoría. El uso explícito, en consecuencia, no puede estar abarcando el marco biológico, toda vez que solo existen dos categorías, las cuales – valga decir – son las únicas reproductivas entre ellas (que pueden “generar”). Por consiguiente, la identidad de género quedaría relegada a “roles sociales”, donde entre en ambigüedad, toda vez que, precisamente, se busca la igualdad en roles entre hombres y mujeres. Dicho de otra forma, la idea de “identidad de género” en el marco social y legal sería más una forma de moda o etiqueta (como puede ser un apodo, nombre artístico o entidad jurídica (ej. una empresa creada con nombre legal)), que un marco aplicable a lo laboral. Esto nos lleva al único de los tres marcos posible para la lógica de la “ideología de género” (no sexual, no laboral), que es la orientación sexual-pasional.


La ley reconoce al hombre y a la mujer en el marco legal, y su igualdad ante la ley y sus “derechos”, y ello no discriminaría a alguien por vestirse, maquillarse o actuar de determinada manera (que es la parte del marco antidiscriminatorio y bullying que suele ser el eje del debate). De esta manera, un ladrón será juzgado por robo, con independencia de si tiene deseos pasionales hacia una mujer, un hombre, un anciano, un mono o hacia sí mismo. Igual, la justicia aplicaría derecho de amparo ante la Constitución o el Derecho Internacional con independencia de si el sujeto se siente hombre, mujer, caballo o piedra. El marco del Derecho parte de la “persona legal” (registrada), no de los gustos (eróticos u otros) o estilos (masculinos, femeninos u otros) de un individuo.



Ingeniería identitaria y Auto-percepción


La ingeniería identitaria es el conjunto de prácticas institucionales, educativas, mediáticas y normativas orientadas a moldear, reconfigurar o dirigir la forma en que las personas se perciben a sí mismas en términos de identidad personal, corporal, sexual, cultural o política. En ello la clave está en “moldear” y “dirigir”, no en reconocer. ¿Por qué? Porque el reconocimiento de la identidad no trasciende el hecho natural de la semejanza humana o la relación almática con Dios (entiéndase el término ‘Dios’ en la figura de la base del Derecho a lo largo de la historia, no en un sentido religioso). Por ende, agregar otra forma de “relación” (identificación) no es una formulación científica, antropológica o de valides legítima de derecho. Como no existe en el Mundo Natural, es legalmente un constructo artificial, otra forma de ficción jurídica. Por ello la ley - desde el Derecho Romano hasta hoy - reconoce que “lo que no existe en el mundo real no puede ser sujeto de derecho”. Si no eres hombre o mujer, careces de Derecho, aunque crees una idea de algo nuevo (solo tú podrás imponerle normas y derecho de propiedad intelectual a tu creación, no imponer o extender dicha legislación a otros).


Como en el caso de la Persona Legal, la identificación con algo ajeno a la naturaleza adámica (término legal más adecuado que el de “humanus”), comprende un rechazo a lo que posee Derecho genuino y valido, por algo que ha sido inventado y configurado en marcos de interés político y social (no discriminación de alguien por sus gustos o modas). Eso significa que, cualquiera que se “identifica” como algo que no existe en el mundo real, se relaciona con algo que carece de derecho. Por esa razón se crean marcos legales para “proteger” o “cubrir” a quienes se considera “vulnerables” y auto-percibidos como “diferentes.” Dado que el Estado no puede crear nada natural – porque por su propia naturaleza ni siquiera es real (es una ficción jurídica) -, pretende que el propio individuo se “declare” ficticio (identificado con algo creado en su imaginación, un producto de su creatividad y autoría). De esta forma, la “ide-a” de “ide-ntidad” no natural (como cuando se “auto-perciben” como transexual, bisexual, no binario, género fluido, etc.) solo puede “regularse” en el contexto de las ficciones jurídicas/legales (no puede relacionarse con la biología u otra ciencia exacta).


En consecuencia, el Estado inventa “derechos” para siervos, no para gente libre. En estricto rigor, tal cosa no es un derecho sino un privilegio. Para ser derecho debería basarse en un estado natural, y para ser regulado debe poseer un contrato. Eso quiere decir que, toda persona que se identifica con un documento de identidad, o como algo que no es hombre o mujer, se declara no sujeto de derecho, sino miembro vinculante de un contrato social (desde el certificado de nacimiento a todo documento donde el individuo firma o coloca su huella) y de todas sus reglamentaciones. Dicho de otra forma, quien no se “identifica” como relación o identidad de Dios, o de los dioses (lo cual sí está aceptado como hecho natural y justificación de libertad), renuncia a todo derecho real, y solo puede ser acogido por un sistema reglamentario inventado por hombres bajo la ley de comercio y el derecho contractual (todo lo que entra dentro del humanismo secular). Pasa, empero, de ser un hombre libre con pleno derecho, a un esclavo con privilegios.


Esto se puede conceptualizar fuera del marco legal en el área de la psicología. Si alguien no reconoce que es hombre o mujer (las únicas dos cosas sujetas al derecho divino y natural), está inventando algo nuevo. Quien puede regular o poseer poder sobre algo es quien crea ese algo. Puedes, por tanto, inventarte un género, y será válido como creación tuya con propiedad intelectual si lo registras (incluso podrás demandar a otro si te roba la idea). No obstante, no puedes darle una relación con lo sexual, porque solo hombre y mujer son biológicamente compatibles. No existen más órganos sexuales que los masculinos y los femeninos. Empero, para que una idea creada como nuevo género [sexual] no se considere fraude, debes crear – literalmente hablando – una nueva forma de órganos sexuales no vinculados a la estructura de los masculinos y los femeninos, y que puedan complementarlos (porque entonces no sería un “sexo”, de “sexus”, sección complementaria: pene complementa vagina, y viceversa). Ergo, la idea de un género no masculino o femenino puede ser aceptable en el marco literario de ficción (denominado “obra literaria”, al quedar especificado en papel), y se puede registrar, pero no se puede pretender aplicar al mundo real como un hecho genuino, porque se consideraría fraude. De hecho, cualquiera que no se identifique como hombre o mujer natural, incluso que no se identifique como creación de Dios – o de los dioses -, comete fraude de identidad. Y esto no tiene nada que ver con religión, sino con antropología, historia social y cultural, derecho y biología: ciencias exactas.


 

Igualdad de Género


Igualdad y equidad suelen confundirse y caer en tendencias, pese a que igualdad parte de un punto donde todos son iguales, mientras equidad parte del punto de lo que le corresponde a cada uno. En el marco legal, sí, todos son iguales, pero la equidad se aplica a cada caso según un contexto. El argumento ideológico se discute actualmente, primeramente, respecto del área laboral, donde se espera que hombres y mujeres cumplan los mismos roles por igual y cobren salarios iguales. En sentido general también esto es correcto como igualdad, mientras no se pretenda aplicar a todos los casos, ignorando la biología (pues incluso en el ámbito identitario, las mujeres generalmente prefieren empleos logísticos (oficina, guarderías, enfermería, arte…), y los hombres generalmente prefieren empleos de fuerza (construcción, mecánica, deporte, agricultura…)). En ámbitos militares y policiales, hay mucha tensión y cosas que implicados callan por sensibilidad del tema, tratando de ocultar situaciones donde, por ejemplo, mujeres policía terminan teniendo que ser defendidas por sus compañeros ante atacantes que les duplican en fuerza y tamaño. La igualdad de género debe garantizar la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres, mas en el ámbito laboral, las diferencias biológicas objetivas justifican ajustes equitativos orientados a la protección de la salud y la dignidad, no a la imposición de resultados idénticos (como la “visibilidad” que quieren que haya, pese a que puede poner en riesgo a todos, y no quita que mujeres policía sean buenas en muchísimas áreas, no necesariamente donde existe riesgo de violencia o vulnerabilidad).


 

Origen académico


En muchas corrientes contemporáneas (especialmente en los llamados estudios de género), el concepto de género, de sexualidad y de identidad se consideran inseparables. Desde esa perspectiva, hablar de género “exige” hablar de sexualidad, aunque conceptualmente no sea obligatorio – aparte de no ser aptas para menores y ser dependientes del área de la psicología -. El punto es que son temas distintos, porque lo sexual compete a materia de Biología, lo relativo a géneros (roles sociales) compete al marco Social y Legal, y los gustos sexuales competen al marco de la Psicología. Con todo, el concepto de género ha pasado a no reflejar roles de hombre y mujer, sino marcos identitarios, y su promoción y actividad derivan de la Política. En consecuencia, la ideología de género no tiene que ver con Biología y Derecho, ni siquiera con lo sociológico – propiamente dicho – sino nuevamente con Piscología (porque incluso se aplica en política). Es lo mismo que ocurre con los movimientos proaborto, financiados y empujados por las mismas dinastías multimillonarias que comenzaron el movimiento feminista. No buscan el “bien”, la “igualdad”, los “derechos”, etc. Buscan dividir a hombres y mujeres, así como reducir la natalidad (aun a costa del asesinato de individuos dentro del vientre de su madre).


Cuando se induce a niños y adolescentes en marcos de “género” y de “gustos sexuales”, se está agrediendo el proceso natural de la mente y las experiencias de la vida, para forzarlo a entrar en marcos que ni siquiera se están estudiando objetivamente en el contexto de la psicología (de lo que tratan de mantenerlo al mantener). Eso obvia así – una vez más – la raíz, para centrarse en el síntoma (tendencia de los mismos que vienen financiando las agendas proaborto, el feminismo y LGTBI+, que son los mismos padres de la industria farmacéutica). Al meterlo en biología, se tendría que definir por medio de procesos químicos y deseo de estímulos, no en la sección de sexualidad (porque solo hay machos y hembras). Pero la materia quedaría incompleta si no se introduce el marco psicológico: ¿por qué siento esto? ¿Desde cuándo siento esto? ¿Qué llena, o creo que llena, esto? ¿Qué significa para mí esto? ¿Cómo asocio esto con la figura paterna? ¿Cómo lo asocio con la figura materna? ¿Trato de ocultar con esto un sentimiento de carencia? ¿Me identifica esto, o identifica una necesidad fisiológica? ¿Siento o busco esto por deseo, por trauma, por vacío o por curiosidad? ¿Trato de usar esto como vía para esconder algo? ¿Uso esto para no enfrentarme a algo o alguien que no quiero encarar? ¿Estoy mezclando sentimientos de soledad, falta de amor, resentimiento, frustración, impotencia, rabia, inseguridad, falta de perdón, deseo de poder y dominio, necesidad de afecto o una idea influenciada por otros sobre interacción social? ¿Estoy haciendo esto para castigar a alguien? ¿Considero que esto representa amor? ¿Esto me hace sentir feliz o me brinda paz?


El que a un hombre le guste eróticamente otro hombre, no es un marco de Biología, no es un marco Legal, no es un marco Social – ni siquiera lo era en la llamada Grecia Clásica, donde la pederastia homosexual formaba parte de la sociedad -, es un marco Psicológico. La mente del niño y del adolescente van por etapas, y antes deben fundarse unas bases. Si se va a introducir materia de “género” en Ciencias Naturales, deberá – por obligación – introducir Psicología (y que esta sostenga la clase sobre sexualidad). De lo contrario, eso produce en los niños y adolescentes confusión, conllevando a trastornos de la personalidad y desorden disociativo, y a un progresivo debilitamiento del tejido social. Si no sabes qué es un hombre y no sabes qué es una mujer, partes de no saber un principio elemental de identificación y personalidad. Y esto no es primeramente por lo biológico, sino por lo mental: el hombre representa la fuerza, la mujer la suavidad y la delicadeza; lo masculino es analítico, matemático, racional, intelectual, mientras lo femenino es lo armónico, espontáneo, grácil, intuitivo, emocional; el hombre es protector exterior, la mujer cuidadora desde lo interior; el hombre aporta racionalidad, la mujer aporta ternura. Por eso las agendas ideológicas buscan desensibilizar a las mujeres y masculinizarlas, y hacer sentir mal al hombre por sentirse “macho”, “patriarca” o protector.


Una razón añadida es el temor del Estado al clan, al verdadero hombre, como lo que los rusos llaman ‘Bagatyr’ (héroe, líder, figura social referente, jefe de clan), porque la familia es la base de la estructura social, y el Estado es su competencia artificial (y lo natural siempre prima sobre lo artificial). El Estado teme a la mujer maternal, porque significa deseo de procreación, y procreación significa creación de familia, y la familia es un clan, que crea un pueblo, y el pueblo real compite legítimamente contra el Estado (estructura no real, sino ficcionada, llamada “ficción legal”). Por eso el Estado se atemoriza con una familia numerosa con valores religiosos, porque la religión (casi cualquiera que sea) implica valores y principios que son opuestos a la doctrina estatal (regulaciones, normas, legislaciones, estatutos y códigos basados en una Constitución, bandera, himno, nacionalidad, región, raza, religión oficial y, por encima de todo, ideologías y condicionamientos de obediencia a la “patria” (padre artificial o sustituto), todo lo cual entra en conflicto con contextos religiosos que hablan de otra nacionalidad (celestial o hebrea), otra raza (de la resurrección o el hombre inmortal, o incluso hebrea), otros códigos (moral, dominio propio, conciencia, rectitud, entendimiento, bondad, amor), otra Constitución (la Biblia, el Corán, la Torah, y otros), otros himnos (alabanzas), otras normas (Diez Mandamientos, enseñanzas de Jesús, Mahoma, Moisés, Buda, Krishná, Lao Tsé, Manes, Zoroastro) y otras expectativas (libertad, inmortalidad, prosperidad, familia, amor verdadero, perdón verdadero, crecimiento personal y autosuperación, elevación de conciencia, comunitarismo espiritualista).


Empero, no se puede enseñar en sexualidad, biología, u otra materia de ciencias naturales, temáticas que pertenecen a psicología, muchas de las cuales no proporcionan un contexto y omiten elementos esenciales del desarrollo de dicha materia. Estos temas, por su naturaleza, serían aun más violentos para los niños, porque gran parte de los llamados “géneros” no son “roles” de hombres y mujeres, sino inclinaciones pasionales, muchas de las cuales se han despertado por abuso sexual infantil, y otros son meras fases tempranas de la vida de las personas (niños, adolescentes) en que están explorando su propio cuerpo y conociéndose dentro del mundo, y donde las figuras paternal y maternal son los principales modeladores. Por tanto, dependen mayormente de la influencia que reciben, primeramente, de sus padres: padre y/o madre ausente (física o emocionalmente), maltrato del padre y/o la madre (físico, emocional, psicológico o verbal), imposiciones establecidas por padre y/o madre en el sentido social, moral, religioso, psicológico o afectivo. ¿Podría un profesor de escuela elemental tratar estas materias con sus alumnos? Esto ni siquiera se trata en la Secundaria, dada la complejidad de la materia, sus aristas, la sensibilidad del mismo, y porque no pertenece al pensum académico (aparte de no beneficiar al Estado, en especial a los políticos detrás de estas ideologías, que en último término son financiadas por viejas oligarquías).


 

Marco del Derecho Antidiscriminatorio


Muchas políticas educativas se diseñan para prevenir discriminación, acoso y exclusión. Y esas políticas son las que en muchos países suelen agrupar sexo, género y orientación sexual. El problema para los niños – e incluso adolescentes – es que, en lugar de tratar cada categoría por separado, se enseñan en bloque, promoviendo confusión conceptual e identitaria, tanto como erosión del fundamento de la sociedad: hombre, mujer y familia. En muchos países, como se está viendo especialmente en Europa, se cae en confusión entre educación cívica y educación sexual, de manera que en la práctica escolar lo social, lo moral, lo afectivo y lo sexual se presentan como parte de una misma “formación integral”. Esa normalización ha permitido incluso en la política comentarios de algunos diputados tales como <<los niños tienen derecho a tener relaciones sexuales con quien quieran>>, que sigue al lema “el amor no tiene edad”, precursores de una fácil despenalización de la pedofilia (el concepto de “amor” se desvirtúa, remitiéndolo explícitamente al deseo pasional/erótico) y del abuso sexual (no fuiste “abusado/a”, sino que se te “facilitó” “reconocer” tempranamente tus gustos sexuales). La sola desnaturalización de estos hechos debería ser razón suficiente para sospechar que no puede provenir de valores honestos: no les importa el bullying, acoso o discriminación, sino que usan estos argumentos como palanca política, aprovechando los sentimiento de las personas afectadas.


 


Decisiones políticas, no jurídicas


No es el derecho clásico el que exige enseñar prácticas sexuales al hablar de género, pero en la mayoría de Europa se ha introducido como una nueva doctrina, una nueva forma de religión (aunque completamente contraria a las ideas de la mayoría de religiones a propósito del tema). Es una decisión de política educativa, influida por corrientes académicas, organismos internacionales y agendas gubernamentales cuyos fondos no se revisan (se asume que la financiación de estos organismos y agendas es “noble” y bienintencionado, sin analizar la influencia de los presupuestos sobre las gestiones administrativas, y evitando que se sepa que esta agenda es financiada, promovida y nacida de parte de ciertas personas multimillonarias en particular, con ideas eugenésicas particulares). Por eso hay países que separan claramente los contenidos, y mantienen la tradición de la familia y el matrimonio como eje central de la sociedad (como Rusia, Israel, Hungría, Polonia, Japón, Corea del Sur, China, Marruecos, Jordania, Emiratos Árabes Unidos o Turquía, como actualmente está queriendo hacer EE.UU.), no aceptando el dinero ni la influencia de dichas personas que pretenden menoscabar el tejido social, cultural y moral en todas partes.


Es importante entender que el génesis de esta temática descansa en una premisa fundamental del globalismo: la reducción de la población. Durante casi 50 años las grandes oligarquías y sociedades elitistas han considerado que el aumento de la población en el planeta supone uno de los principales peligros de la subsistencia (falso, porque lo que está densificado con las grandes ciudades, no el planeta en sí, donde la mayoría se halla casi inhabitado). Desde mediados de los años 50 se empezaron a desarrollar planes eugenésicos, programas de fomento a la prevención de embarazos y otras agendas, en muchos casos inmorales (tanto como idea como procedimiento). El fomento de guerras y otras formas de diezmar gente solo serían las partes visibles de experimentos sociales. Los programas de mayor alcance estarían orientados a la esterilización en masa y la programación social (donde experimentos de la CIA han jugado un papel esencial) para anular la estructura familiar y la idea de hogar, facilitando con ello el desinterés en tener hijos.


Ejemplos son montajes como la “pandemia” (o más bien ‘plan-demia’), que tenían por eje central la esterilización en masa con el uso de presuntas vacunas contra un enemigo invisible, y como sabían que no podrían mantenerlo por mucho tiempo (por eso la campaña de miedo fue esencial para que hubiese el mayor número de personas que se inyectasen el componente), metieron prisa y mucho dinero para lograr los mayores resultados en tiempo récord. Por el contrario, las agendas más eficientes han sido las que progresivamente se vienen empujando desde el lado de los “derechos” de las mujeres, de roles de género y de aborto (aparte de las campañas de vacunación, que NO TIENEN NADA QUE VER CON PREVENCIÓN VÍRICA, sino de la natalidad, y para mantener sistemas inmunes débiles, con el objeto de mantener el mercado farmacológico y la drogodependencia). Esta agenda de eugenesia pretende bajar la natalidad mundial al menos durante las próximas 3 décadas.


Cuando se entiende este punto se puede comprender la imperiosa propaganda que socava la mente de los televidentes y seguidores de redes sociales, como en las escuelas y en las propagandas sociales, detrás de ideas de “igualdad”, “salud” y “libertad”, en muchos casos etiquetados con palabras como “amor”, “seguridad”, “prevención” o “tolerancia”. Como el miedo al SIDA – y otras enfermedades de transmisión sexual – no fue suficiente, ni las campañas de uso de preservativos, la forma de lograr que la población dejase de crecer, y al mismo tiempo, el Estado pudiese ir tomando mayor poder sobre la gente (eliminando el poder de la familia-clan-hogar), fueron propagandas “progresistas” con lemas confusos, palabras desacordes y juego de las emociones de las personas. Así, usando la sensibilidad y traumas personales, se logra que campañas políticas apliquen ideales de agendas globalistas que no reflejan el genuino sentimiento humano y su necesidad de sanación interior.


Si bien, en la mayoría de partes del mundo sigue existiendo un deseo en tener hijos y formar un hogar, mas los miedos por la inestabilidad y la escasez de tiempo para la familia, ganan terreno y son sustituidos psicológica y emocionalmente por mascotas o tendencias y modas. En virtud de esto, la necesidad de la búsqueda y transformación interior se hacen mayores, brindando la oportunidad de convertir este acoso ideológico en una expresión de los anhelos y deseos reprimidos que en realidad han de sanarse desde el autoanálisis y la autosuperación, con terapia del yo, no con “parches” de sentido de pertenencia difuso y etiquetas de autopercepción.


 

¿Qué se puede hacer frente al Estado, al colegio y sobre lo que ya han introducido en la mente de nuestros hijos?

 

A) En el plano inmediato

Esto es lo más importante, y aquí cada uno tiene control: Mantén lenguaje sencillo, no ideológico; Devuélvele siempre la idea de que las personas no necesitan definirse con un lema, tendencia o “género” (mucho menos de niños); Refuerza que: los sentimientos pasan, la identidad se construye con el tiempo, no hay prisa ni etiquetas. Eso protege sin negar que hay procesos naturales internos, inquietudes, necesidades, deseos, vacíos y traumas.


B) En el plano escolar

Acciones concretas y legítimas: Solicitar por escrito currículos, materiales, charlas externas; Pedir exclusión u opt-out, conforme a la ley; Coordinarse con otros padres (esto es crucial: individualmente se ignora, colectivamente se escucha); Plantear la cuestión en términos de edad y desarrollo, no ideológicos. En la mayoría de países, los colegios reaccionan mucho peor a discursos políticos que a argumentos de adecuación evolutiva.


C) En el plano jurídico-político

En muchas naciones existen fundamentos legales para una postura más coherente y sana: derecho preferente de los padres a la educación moral de sus hijos, principio de proporcionalidad, interés superior del menor, derecho a la objeción de conciencia educativa (a veces limitado, pero real). No siempre funcionan, pero existen y se han usado con éxito.


<<La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.>> (Art. 16.3. Declaración Universal de Derechos Humanos (1948); Art. 17.1. Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969); Art. 23.1. Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966))


<<Se debe conceder a la familia, que es el elemento natural y fundamental de la sociedad, la más amplia protección y asistencia posibles…>> (Art. 10.1. Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966))


<<Toda persona tiene derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de su correspondencia.>> (Art. 8.1. Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950))


<<Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.>> (Art. 39.1. Constitución Española (1978))


<<Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.>> (Art. 27.3. Constitución Española (1978))

 



Nota final


Nada de esto es una ley moral, es una tendencia sociológica, de modo que si un padre lo formula como: “esto introduce categorías adultas antes de que el niño tenga estructura identitaria para procesarlas”, ese argumento es sólido, defendible y compartido incluso por psicólogos no conservadores. Sociedades que priorizan continuidad cultural, demografía y cohesión familiar, tienden a proteger la infancia de debates identitarios adultos, y esto hay que tenerlo en suma consideración. En el caso de Europa se ve el marco en que sociedades que atraviesan crisis de sentido, baja natalidad y fragmentación cultural, tienden a politizar identidad y sexualidad como sustituto simbólico. Empero, el psicoanálisis (o contar con un terapeuta o psicólogo) es la forma más sana de enfrentar, identificar, procesar y sanar, partiendo del entendimiento del yo soy, de las emociones humanas, de los arquetipos y el subconsciente, de los programas heredados de los padres y de los transgeneracionales, de los traumas de la infancia, de las relaciones sociales, de la historia antropológica, de los valores y principios humanos, de sentido existencial y de la identidad espiritual-trascendente.


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